Entrevista de Juan Cruz a Ignacio Bosque: “El monje de las palabras”.

 

Bosque es el autor de la primera Gramática panhispánica de la lengua española (que se presentó hace poco en el congreso celebrado en Cartagena de Indias y que le ha costado 10 años de trabajo). Para describirlo, Cruz emplea estas palabras: “el mejor gramático de la lengua española”. De Bosque recuerdo ese útil Redes. Diccionario combinatorio práctico del español contemporáneo que editó SM (más datos, aquí, aquí y aquí).

“Siempre me gustaron los juegos de palabras, y me siguen gustando. En términos más profesionales, me atrae mucho el poder percibir algo interesante que puede estar oculto en frases que decimos todos los días. Estoy convencido de que en el trabajo científico es fundamental sorprenderse de lo cotidiano”.

“(Me sigo sorprendiendo) absolutamente, todos los días. Pero lo cierto es que uno aprende a sorprenderse. Es preciso desarrollar un cierto instinto para que te llame la atención algo que has dicho u oído miles de veces. En realidad, el lenguaje no nos sorprende porque está muy cerca de nosotros. El análisis requiere distancia, pero el lenguaje lo lleva uno puesto; fíjese si lo tenemos cerca”.

“A mí me parece que antes que saberse de memoria etiquetas gramaticales hay que reflexionar sobre las palabras y sus matices, verlas como partes de uno mismo. Todos los escritores lo hacen, por cierto. Los escritores son atletas del idioma. El atleta no sabe por lo general qué es un bíceps, pero tiene bíceps, y bien desarrollados. Muchos escritores perciben los matices de la sintaxis o del léxico antes que los lingüistas, y lo he podido comprobar en la RAE. ¿Por qué? Porque tienen una sensibilidad especial”.

Como cuenta El País, desaparecen palabras por desuso. La XXIII edición certificará el fallecimiento de varias decenas de vocablos que han perdido el honor de serlo entre los hispanohablantes (la edición de 2001 supuso la anulación de hasta 6.008 artículos que figuraban en la de 1992). Frente a este proceso inexorable, apadrina alguna de ellas.

“Quienes no recuerden que ‘atraquina’ es sinónimo de ‘atracón’, que ‘churriana’ lo es de prostituta o que ‘acertajo’ en el lenguaje coloquial era lo mismo que ‘acertijo’, deberán darse prisa en consultar estos términos en el Diccionario de la Real Academia Española, porque no figurarán ya en su próxima edición”.

“Umberto Eco cree que la gente lee porque está insatisfecha”. Con este provocativo titular abría hace unos días el diario La Vanguardia una entrevista al escritor italiano. El motivo era la Feria Internacional del Libro de Budapest. Está claro que vivimos en la sociedad de la autocomplacencia, y tal vez por eso mismo la lectura está en índices lamentables. Para Eco, la literatura es muy importante para muchas personas porque “nuestra propia vida no nos satisface, así que leemos”.

Sobre el periodismo, del que precisamente está circulando un video muy interesante, afirma que “los periodistas publican noticias y entrevistas sin interés para rellenar espacio. ‘Cuando un periodista me pregunta a mí sobre mi última novela, eso es un crimen contra el lector, ya que yo no diré nada malo de mi obra’, resaltó”.

Pero me ha gustado su optimismo sobre la actual capacidad de leer en entredicho: “Antes había un índice de analfabetismo mucho más alto que ahora” y además “la internet obliga otra vez a la gente a leer”.

Curiosa iniciativa la que emprenden l’Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès (www.ateneubcn.org/apadrinaunaparaula) y la Escuela de Escritores de Madrid (www.escueladeescritores.com/apadrina-una-palabra) con la motivada excusa de la fiesta de Sant Jordi. Ambas instituciones se proponen salvar del olvido (salvar de la muerte) ciertas palabras que están en peligro de extinción:

Apadrinar paraules en vies d’extinció o, per predicar amb l’exemple i rescatar del desús el terme exacte que les designa, paraules obsolescents”.

Las palabras están disponibles en www.reservadeparaules.org y en www.reservadepalabras.org. Apadrinar es sencillo, basta el nombre, el correo electrónico, la palabra que se desea apadrinar, el significado y un breve comentario que exponga los motivos de hacerlo. El objetivo de los organizadores es evidente:

“Sólo entre 1992 y 2001, cuando se presentó la 22ª edición del Diccionario de la Real Academia Española, se suprimieron más de seis mil artículos. Seis mil palabras que desaparecieron del diccionario y que, probablemente, lo habían hecho mucho antes en el día a día, donde la tendencia a utilizar palabras comodín que simplifican conceptos con muchos matices o la facilidad con la que importamos extranjerismos, amenaza la riqueza del idioma”.

Se puede vistar más información en la web de la Escuela de Escritores:

“Todos, quien más, quien menos, tenemos alguna palabra asociada al corazón, adscrita a la memoria, eco de nuestra infancia. Chiquilicuatre, locatigüisquis, pintiparado. Una palabra que hace años que no oyes y sin embargo te pertenece. Saltimbanqui, querubín, cáspita. Una palabra que, desde luego, no consentirías que nadie te arrebatase. Abarloar, organdí, zarzaparrilla. Una palabra, al fin, que te gustaría que siguiera viva cuando ya no estés.

Queremos que nos ayudes a salvar el mayor número posible de esas palabras amenazadas por la pobreza léxica, barridas por el lenguaje políticamente correcto, sustituidas por una tecnocracia lingüística que convierte en ‘técnicos de superficie’ a los barrenderos de toda la vida o perseguidas por extranjerismos furtivos que nos fuerzan a hacer ‘outsourcing’ de recursos en lugar de subcontratar gente”.

APADRINO: parlero, ra.

1. adj. Que habla mucho.

2. adj. Que lleva chismes o cuentos de una parte a otra, o dice lo que debiera callar.

3. adj. Dicho de un ave: cantora.

4. adj. Dicho de una cosa: Que de alguna manera da a entender los afectos del ánimo o descubre lo que se ignoraba. Ojos parleros.

5. adj. Que hace ruido armonioso. Fuente parlera. Arroyo parlero.

Se está celebrando el IV Congreso Internacional de la Lengua Española en Cartagena de Indias. Juan Cruz es el enviado especial de El País y escribe hoy un artículo titulado “La multinacional panhispánica“. Las novedades: nueva Gramática, nueva Ortografía, y nuevo ‘Diccionario histórico’ para 2013. El congreso se está celebrando en Cartagena de Indias desde el pasado día 26 y hoy mismo. El objetivo manifiesto de alrededor de 1.200 académicos y escritores es convertir en realidad el concepto ‘panhispánico‘.

Pero el runrún de fondo es preocupante: los jóvenes usamos 600 palabras distintas, frente a los 1.400 vocablos de hace unos años. Acierta Pedro Luis Barcia, el presidente de la Academia Argentina, cuando afirma que estamos criando discapacitados verbales”. Doy como un hecho que la falta de lectura (y el dichoso canon no ayuda) tiene mucho que ver. Recordemos las serias palabras de Pedro Luis Barcia: “La indigencia verbal es una amenaza para la democracia”.

El evento ha servido de merecido homenaje a Gabriel García Márquez por sus 80 años, que en su discurso de agradecimiento se refería a la magia de escribir con estas palabras:

“En mi rutina de escribir nada he cambiado desde entonces. Nunca he visto nada distinto en mis dos dedos índices golpeando una a una y a un buen ritmo las 28 letras del alfabeto inmodificado que he tenido ante mis ojos durante estos setenta y pico –setenta y pico– de años (risas del público). Hoy me tocó levantarme deprisa para asistir a este homenaje que agradezco y no puedo hacer otra cosa que detenerme a pensar que es la cosa que me hace seguir vivo. Lo que veo es que el lector inexistente de mi página en blanco es hoy una descomunal muchedumbre hambrienta de lectura de textos en lengua castellana”.

Más información en el blog de Juan Cruz en El País.