La World Association of Newspapers ha publicado su informe anual sobre las tendencias de 35 países y he pegado un repaso al sumario ejecutivo gratuito que han colgado en su web.

Hace poco que he hablado de este tema, pero creo que las tendencias que se desprenden de este estudio suponen un gran reto para aquellos que nos ganamos la vida con los mensajes escritos. La premisa:

“The media landscape has changed forever. For media consumers, digitalization has expanded the daily media usage options from traditional media including print, TV, and radio, to include a vast array of digital choices like Internet, podcasting, blogging, interactive TV, short messaging, instant messaging, video, digital radio, and much more”.

La postura es, pues, muy emocionante ante los cambios que se están produciendo en el mercado mundial de los medios de comunicación, donde los diarios compiten contra otros diarios, pero también contra nuevos medios… donde los medios locales compiten con los globales… donde la tendencia digital es ya un estandar:

“Thanks to digitalization and technology advancements, each media has morphed into a multimedia channel. Media content has become interchangeable among digital media. New technologies allow for the rapid deployment of multimedia content across channels. For example, the same video used on television can be converted for publishing on smaller screens like computers, video iPods and mobile phones. Depending on the viewer, user, reader or listener’s preferences, video, graphics, text and sound can be accessed on almost any digital medium”.

 

Algunos datos más (en este link están segmentados por países):

— About 175,000 new blogs are created each day, with about 1.6 million postings per day, according to Technorati.

— More than 1 trillion SMS messages were sent worldwide 2006.

— Video advertising emerged as the hot new channel for advertising online.

–The onceburgeoning Web population is starting to slow down in terms of new users.

Francis Pisani (blogescribió hace unos días en El País un reportaje sobre “la relación entre contenido y conversación, punto partida de la reevaluación del valor y la naturaleza de las noticias”. Como aseguraba en su texto, el objetivo debe ser “conectar contenido y conversaciones”, es decir, establecer canales de comunicación bidireccionales entre los que practican el periodismo y lo que la ciudadanía habla y expresa.

¿El camino? Transformar los medios de comunicación en una especie de hub (según la teoría de redes, esos nodos que integran numerosos enlaces) al modo del ya citadísimo Manifiesto Cluetrain.

 

Pisani cita el libro The tipping point (de Malcolm Gladwell) que describe a esas personas (mavens) influyentes y que conectan y relacionan mucha gente. En una entrevista que publicó La Vanguardia a Jason Calacanis, él mismo aseguró que esa figura bautizada por Gladwell se había inspirado en su persona.

Continúa Pisani con su reportaje:

Jeff Jarvis (buzzmachine.com) parte de las limitaciones del concepto de periodismo ciudadano. Basa su oposición en tres razones: implica que el actor (ciudadano) define el acto (periodismo) mientras que hoy cualquiera puede hacerlo; divide a quienes practican el periodismo en dos grupos y deja entender que los periodistas no actúan como ciudadanos. “El periodismo en red”, escribe Jarvis, “toma en cuenta la naturaleza colaborativa del periodismo de hoy, donde profesionales y aficionados trabajan juntos para publicar la mejor información; establecen enlaces mutuos por encima de las marcas y de los límites de antaño, y comparten hechos, preguntas, respuestas, ideas y perspectivas. Reconoce la naturaleza compleja de las relaciones que constituyen la noticia y se concentra en el proceso más que en el producto”.

Más información: Rich GordonAssignment Zero y Pressthink.

Hace unos días (el pasado 4 de mayo) La Vanguardia publicaba en su contra una entrevista a Mats Lindgren, un experto en prospectiva y análisis de tendencias que predijo el nacimiento de la Generación X: “hedonista, egotista y egoísta”. Las posturas de Lindgren recuerdan los trabajos sobre los cambios culturales producidos por las nuevas tecnologías en la clase media que realiza Douglas Coupland, autor en 1991 del celebrado libro Generación X.

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Luis Arroyo y Magali Yus lo tienen claro. Los autores del libro ‘Los cien errores de la Comunicación de las Organizaciones’ aseguran que los principales errores se deben a la falta de estrategia y a la improvisación, una postura que mantienen desde que se editó la primera edición en 2001.

Los autores estructuran el libro en nueve apartados: relaciones con los medios; comunicación de crisis; relaciones con los inversores; acciones de lobbying; eventos y protocolo; comunicación interna; investigación y la evaluación de la comunicación; y oratoria y telegenia. En la nueva edición Arroyo y Yus se centran especialmente (es una novedad muy relevante y oportuna) en los errores estratégicos, que los propios autores describen como “fatales”.

En la presentación del libro Antonio López, presidente de la Asociación de Directivos de Comunicación, destacó que ignorar la importancia de las relaciones públicas resulta un error (de este tema ya hemos hablado varias veces). Otro fallo es pensar que las crisis “no llegarán nunca, cumplir exquisitamente la ley con respecto a los accionistas y la comunidad, no ir más allá de lo que la norma establece, olvidarse de los intermediarios en las relaciones con los inversores, o pensar que en una entrevista nos debemos más al entrevistador que al público que nos escucha” (vía).

López recalcó algunas claves inmutables: “devolver la credibilidad al sistema de mercado mediante el valor de la transparencia, hacer frente a una opinión pública emergente, crear una auténtica libertad de acceso a la información y una gran capacidad para competir en un mercado difícil y caótico”.

La obra, editada por Esic Editorial, repasa de forma práctica los fallos más comunes en el ámbito de la comunicación corporativa y política. Ambos autores tienen experiencia en el sector: Arroyo es desde 2004 secretario de Estado de Comunicación del Ministerio de Presidencia, y su esposa Yus es responsable de Comunicación de Moda y Belleza en El Corte Inglés.

Hace unos días Antonio Monerris (Estrategia de Comunicación) me recomendaba el libro John Howkins “The creative economy. How people make money from ideas”. Hasta este fin de semana no he podido echarle un vistazo.

 

Howkins, que ejerció de periodista durante años y ahora es intelectual sobre la creatividad y la propiedad intelectual, hace un repaso a los diferentes modelos de productos creativos y realiza una propuesta polémica:

“Para utilizar la creatividad hay que determinar, ante todo, el mejor momento de explotar la naturaleza no rival de las ideas y, en segundo lugar, el momento idóneo para hacer valer los derechos de propiedad intelectual, e introducir las ideas en el mercado de la competencia entre productos. Las dos decisiones son el punto central del proceso de gestión en ese ámbito”.

Según Howkins, la gran mayoría de las historias de las grandes compañías mundiales se pueden basar en un modelo: nacieron de ideas de uno o dos individuos (por ejemplo, Google), que proponían una forma diferente de hacer las cosas. Así de sencillo.

Frente a Howkins hay que hacer referencia a autores como Joost Smiers, profesor de Ciencias Políticas del Arte en el Grupo de Investigación y Economía de la Escuela de Arte de Utrecht (Holanda), que afirma en sentido contrario: “con el sistema del ‘copyright’, la historia de la creatividad se detiene”. Para Smiers “lo primero es eliminar el sistema de copyright. Éste únicamente beneficia a las grandes empresas culturales y no a los artistas. Sólo un porcentaje muy reducido de los creadores obtiene una cantidad sustancial de dinero a través del copyright”.

Por cierto, Smiers acaba de publicar en Gedisa su libro Un mundo sin copyright. En un término medio, tal vez Howkins debería hacer más hincapié en la creatividad colaborativa… especialmente cuando ahora es una de las variables que explican el dinamismo creativo.

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