Decía Borges que el paraíso seguramente tendría mucho que ver con una biblioteca. El mío, desde luego, espero que tenga mucho de eso. Libros, criterio y acceso. ¿Qué más se puede pedir? Hoy es el día de la biblioteca y me acuerdo del libro “Como una novela” de Daniel Pennac, toda una incitación para reconciliarse con la lectura.

Con tanta tecnología y tanta crisis hablamos más de soportes que de leer. Del aparato, del objeto, del archivo… y poco de leer.

Y a mí me apasiona leer: sentarme y vivir otros mundos, otras vidas. En “Como una novela” Pennac promulga diez derechos imprescindibles (imprescriptibles, indescriptibles…) del lector.

Una delicia.

El Derecho a No Leer.
El Derecho a Saltarse las Páginas.
El Derecho a No Terminar el Libro.
El Derecho a Releer.
El Derecho a Leer Cualquier Cosa.
El Derecho al Bovarismo.
El Derecho a Leer en Cualquier Lugar.
El Derecho a Hojear.
El Derecho a Leer en Voz Alta.
El Derecho a Callarse.

Imagina por un segundo el hipotético mundo de Adán y Eva. ¿Lo tienes? Todo nuevo por estrenar. Desconocido. Supongo que es debilidad profesional, pero me viene a la cabeza un planeta de cosas por nombrar (confieso: una gozada). Bautizar lo que se iban encontrando era la mejor manera de conocerlo. Ese mundo era concreto y estático.

La gestión de las marcas ha sido durante muchos años algo semejante a lo que hacían en sus ratos libres Adán y Eva. Cogías un producto, lo empaquetabas y coronabas ese trabajo con un identificador: eso era la marca (véase: logotipo). Había que explicar algunas conceptos de manera muy clara: quién era el fabricante, el origen, el producto… Los recursos imprescindibles eran calidad, beneficios funcionales y organización que respaldaba la oferta.

Y así hemos ido tirando… hasta que el modelo entra en crisis por (al menos) dos factores:

  • La persona tiene cada vez más peso. Si durante décadas los modelos se han circunscrito a la emisión, hoy el consumidor/usuario/audiencia comparte trono. Somos activos, inteligentes y pertenecemos a contextos culturales, económicos y tecnológicos propios. Una manzana (por seguir con Adán y Eva) ya no es una manzana; es, sobre todo, una manzana percibida (y es lo que muestra… y lo que esconde). Por cierto, eso ha pasado antes que Internet.
  • Empacho: la oferta ha crecido exponencialmente. Cosas de la industrialización avanzada y la sociedad de la información. La ley de Moore tiene una contraindicación: mucho más de todo. Más ruido. Tanto que hay demasiadas marcas coronando ingenuamente un producto. Hay (volviendo a Adán y Eva) tantas manzanas –y cosas que lo parecen– que cuesta distinguir el fabricante, el origen, el producto… Es decir, elegir.

El branding ha tratado de responder con una lección: no es suficiente con trabajar con el signo (o sea, marcar, identificar, señalar, distinguir…). Necesitamos un enfoque más semiótico y, también, más relacional. Cambiamos el punto de vista de la emisión (el signo) a la interpretación (el significado). La identidad pertenece a la empresa, pero tú (y a cada uno de nosotros) eres dueño de la imagen.

Estamos muy lejos de Adán y Eva. Y necesitamos herramientas más semióticas para gestionar marcas. Aquí entra el Brand Content y la decodificación que hace cada persona, que es la manera de combinar identidad e imagen de marca. Tal vez por eso todo el mundo parece que habla del tema…

Aportación para el libro colaborativo sobre brand content que ha editado Foxize. Lo puedes consultar gratuitamente aquí. Un placer aportar mi granito de arena.

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Actualización (18/09/2014 15:18): el juego es más interesante todavía. Podría ser o no ser que la cuenta sea falsa. O lo contrario. En todo caso, la reflexión es igual de válida: en todo el asunto Tordesillas se está trabajando más la notoriedad que el contenido semántico. Si la cuenta es real el tema se describe solo. Si la cuenta es falsa a la notoriedad se vinculan cuestiones sobre marca-territorio muy potentes que la cuenta @VisiTordesillas no contempla.

Vale. Es verdad que los pobres community managers del Ayuntamiento de Tordesillas no lo están haciendo muy bien (ya sean @VisiTordesillas o AytoTordesillas o los dos o ninguno).

Bueno. Vale. Y el propio Ayuntamiento de Tordesillas tampoco lo borda. Pero este inocente tuit que recojo un poco más arriba me ha hecho sonreír. Y mi sonrisa tiene un punto de ingenuidad y, confieso, de cinismo.

Me sorprende cómo desde profesionales digitales se sabe usar (más o menos) una herramienta como Twitter y, en cambio, no se tiene ni idea de las consecuencias que tienen en la gestión de marca, de comunicación o de lo que sea que en teoría te encargas. Es verdad que siempre se ha dicho que resulta bueno que se hable de uno, aunque sea mal. La cita tiene varios padres, pero hay consenso en afirmar que Oscar Wilde dijo aquello de que “lo único peor que el que se hable de uno, es que no se hable de uno”.

Y algunos se han quedado con esta tonadilla. Lo importante creen que es la notoriedad, que no es otra cosa que la toma de consciencia por parte de una persona (o varias) de la existencia de una marca. Con notoriedad estamos midiendo el impacto, como si cada persona fuera un ente anónimo, indiferenciado, aislado y estrictamente reactivo. En menos palabras, como si fuera una ameba.

Técnicamente este punto de vista tiene mucho que ver con la llamada teoría de la aguja hipodérmica. Nace tras la II Guerra Mundial y forma parte del nacimiento de la sociedad de masas. Si quieres buscar un poco más, son una herencia sociológica y psicológica de los trabajos de Harold Lasswell.

Es verdad que la notoriedad es importante, pero desde los tiempos de Oscar Wilde ha llovido mucho (más de un siglo) y los procesos de comunicación y percepción han cambiado un poco. La notoriedad cuantificaba el impacto en tiempos en los que había pocos impulsos mediáticos. La ciudad de Dublín en 1900 no tenía muchos sistemas de comunicación estructurados y de masas. Además, la notoriedad se movía en qué espacio ocupaba una noticia en el papel… después vendrían las conversaciones de café, taberna o salón.

Internet junta el medio y la taberna. Es decir, el impacto y el punto de vista sobre el impacto (cuantitativo y, especialmente, cualitativo). Sorprende que los community managers del Ayuntamiento de Tordesillas sean presemióticos: nos importa el impacto, pero no el significado que se le asocia. Con claridad: entre emisor y receptor, entre estímulo y respuesta hay varias importantes intermediaciones. No es lineal. Hay una cosa que se llama filtro contextual: lo tenemos todos para separar el grano de la paja y para colocar el grano donde toca en este espacio mágico que es nuestra vida.

Una marca es un significado para un usuario para un oportuno contexto determinado. Hay mucho de semiótica en esta apreciación: ¿qué significa? ¿cómo me relaciono? ¿qué siento? Por eso me permito aconsejar a los community managers del Ayuntamiento de Tordesillas que cambien de punto de vista (en esto y en otras cosas).

No basta con que hablen de uno (aunque importa), sino qué significado suponemos para sus vidas. No se trata de contar menciones para contruir un trending topic, sino analizar el contenido de esos mensajes (positivos, negativos, neutros)… Con tanto ruido han perdido el contexto, y su marca vive en el contexto.

Y parece que el impacto tiene una carga semántica propia: no será un pueblo elegido en los próximos meses para muchas personas.

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contenidoerestu-javiervelilla.comunizaMi aportación al ebook #Contenidoerestu que coordina Eva Sanagustín. En mi caso, el encargo era relacionar marca y contenidos. Ha sido una buena excusa para volver por aquí: me cuesta escribir. Confieso que estoy más lector que escritor… y más hacedor que lector.

Tal vez por eso cuando hace unos meses me contactó Eva  para colaborar en un ebook sobre contenidos desde el prisma de la marca sólo podía decir que sí. El encargo era explicar qué rol juega la marca y cómo deben pensarse y desarrollarse los contenidos desde esta perspectiva.

Cada uno de los 12 colaboradores lo hicimos desde nuestro punto de vista profesional, algo que creo que enriquece la propuesta. El ebook trata sobre Branded content, Comunicación, Estrategia de contenidos, Inbound marketing, Marca Personal, Marketing, Marketing de contenidos, Marketing en medios sociales, Posicionamiento en buscadores … y Branding.

Mi pregunta de partida era para qué usa el branding los contenidos. En mi humilde opinión, en este tema hay mucho de “el huevo o la gallina”. El dilema nos acompaña desde la antigüedad para cuestionar el origen de todo.

En esencia, los contenidos tienen que explicar algo de una determinada manera a un tipo de persona y por un canal. Y, además, tienen que ser creíbles y relevantes. Enfocar los contenidos de forma desagregada de la marca es contraproducente: la marca debe ser un punto de partida, porque los contenidos tienen que versar sobre algo y de alguna manera.

Recuerda tus clases de Lengua y Literatura en el instituto. Hay cosas que sabes que te pueden valer. El tema literario era aquella síntesis que refería el asunto de una obra, ya fuera una novela, un relato, una poesía… Parte de la premisa que podemos detectar un tema central alrededor del cual giran los personajes, la trama, el estilo… Con el tema todo está relacionado y conforma una unidad. Pues bien: el tema es la marca.

Si la marca fuera una persona, ocuparía la función del editor jefe de tus contenidos: orienta, selecciona, edita, corrige y garantiza el valor y la consistencia.

Una marca sirve para tomar decisiones. Ayuda al consumidor a tomar decisiones de compra y ayuda a la organización a tomar decisiones estratégicas y operativas. En ambos casos, las decisiones, como veremos, pueden tener mucho que ver con los contenidos (ya sea para decidir cómo elaborarlos o para decidir, incluso, no elaborarlos).

En la relación entre marca y contenido tienen que convivir al menos dos ingredientes: precisamente, marca y contenidos. Si una marca intenta expresarse sin contenidos lo tiene difícil; pero un contenido sin marca va a la deriva y corre el riesgo de desenfocar o de generar ruido.

La marca no es sólo la entidad que financia el contenido, debe ser el punto de partida (aunque, y eso es verdad, no significa que sea también el destino, el camino y el protagonista). El contenido atractivo no está reñido con la marca. Lo que está reñido es la omnipresencia de la marca, pero eso es otra cosa: es mal contenido.

Un contenido necesita que una marca establezca, al menos, el terreno de juego: ¿de qué vamos a hablar? ¿cómo lo vamos a hablar? 

 

En el lío editorial nos hemos juntado Aleix Gabarre, Cristina Aced, Fabrizio Ferri, Pau Valdés, Andrés Pérez, Fernando de la Rosa, David Soler, Magali Benítez, la paciente directora de orquesta Eva Sanagustín y un servidor. Un honor compartir con vosotros.

Os podéis descargar de forma gratuita el ebook, espero que os interese la lectura.

Una marca exige gestionar patrones, y no sólo mensajes que se repiten y repiten en el tiempo. En tiempos de frames (recordemos a G. Lakoff y su elefante) creo que la propuesta de Marc Shillum, director del estudio de diseño multidisciplinar Method, es francamente interesante. Hace unos días la revista Fast Company publicaba un artículo sobre este tema. La función del cerebro es, especialmente, discriminar, elegir. Decidir es, en realidad, un acción de descartar. Para optimizar estos procesos de selección el cerebro utiliza un recurso muy económico: el frame. Y sigue:

“Patterns are unique in the fact that they create consistency around difference and variation. Creating a consistent brand capable of existing in today’s agile and iterative environment begins with the formulation of coherent patterns. And a brand’s strategy, identity, products, services, and user experience design must be interdependent in order to create this coherent pattern”.

El tema de los encuadres tiene mucha literatura académica desde hace varias décadas (gran parte gracias a la obra de Erving Goffman) y, después, por las relaciones entre el framing y la teoría de la agenda-setting (por ejemplo, tienen más presencia en la agenda determinados temas y géneros). Es verdad que el framing es una teoría que en el ámbito de la comunicación de marca tiene dos perspectivas: la creación de contenidos y el consumo de contenidos. Posiblemente el branding ha trabajado más en la segunda parte: el del consumo de contenidos. Supongo que parte de la corriente que vincula gestión de marca y arquetipos conecta más estrechamente con la primera parte: la creación de contenidos.

Lo que es eviente es que los marcos (o frames) no son realidades estrictamente ideológicas, sino que responden a valores inherentes a la realidad cultural de la empresa, su entorno, sus características únicas, sus relaciones y las propias biografías de las personas implicadas directamente en la gestión de marca. Al final, el concepto de símbolo resulta crucial como contenedor de una realidad densa e intangible que genera significados. De este modo, la comunicación es, también, interpretación a partir de unas  resonancias culturales determinadas que generan nuevas lecturas y experiencias.

Es evidente que la digitalización, la caída en la atención, el escepticismo, la fragmentación de canales y mensajes… han provocado que la repetición ya no sea una estrategia sostenible en el tiempo. El reto es, en este punto, salvagaurdar la consistencia de la marca cuando somos conscientes de que no podemos repetir los mensajes:

“To maintain a brand’s value in the future, one must begin by understanding the basics of cognitive psychology — how people judge human consistency and anomalies of character, and how people perceive human relationships. This reveals greater understanding of how to achieve consistency beyond repetition. Consistency is still at the heart of a brand’s value, but in this fluid and agile world, repetition cannot be the only rule”.

Reconozco que llevo varios meses dando vueltas al tema de la consistencia en la gestión de la marca, aunque cada vez soy más consciente de que tal vez es una preocupación mengüante entre las empresas e, incluso, determinados agentes del sector de la comunicación. Evidentemente el desafío para los gestores de marca es enorme.

Aquí el brand content en forma de historias cobra protagonismo porque genera un relato que se expresa en múltiples soportes y formatos, se humaniza la narrativa, se conecta de forma dispersa, se incrementa el recuerdo y la conexión, y transmite beneficios emocionales y racionales.